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San Agustín, obispo de Hipona, el hombre que buscaba a Dios

Posted on: marzo 9, 2012

San Agustín, obispo de Hipona, el hombre que buscaba a Dios

Nace durante el año 354 en Tagaste, pequeña ciudad de África. Su proceso de conversión al cristianismo fue muy largo; pasó gran parte de su vida buscando a Verdad en la filosofía hasta que finalmente la encontró en la fe católica.

En el libro de sus Confesiones recuerda el santo que siendo un niño y en compañía de algunos amigos robaron los frutos de un árbol de peras que, según él mismo nos cuenta, no eran tan apetitosas sino que las robó por la maldad de robar. San Agustín se lamenta de este episodio y de muchos otros de su vida en este libro de sus Confesiones.

Buscaba con ansiedad la Verdad y como tenía talento para la literatura, la filosofía y la oratoria obtiene una cátedra para enseñar a los jóvenes. Sin embargo no encontró en esto lo que buscaba con tanta desesperación.

En otro momento de su vida se hizo miembro de la secta de los maniqueos que eran un grupo de cristianos que amaban la naturaleza por sí misma y no por ser obra de Dios, el creador. Con ellos permaneció bastante tiempo hasta que sufrió un desengaño al hablar con un referente importante de los maniqueos que no pudo satisfacer las curiosidades y preguntas que bullían en la mente de Agustín.

Las lágrimas de su madre – Santa Mónica – según él mismo nos contará fueron las que provocaron su conversión a la fe cristiana. Ella se conformaba con que tenga una vida normal con una esposa cristiana e hijos. Pero Dios, además de esto, le concedió la gracia a San Agustín de ser sacerdote y obispo de Hipona, es decir le reservó una misión especial: la de apacentar el pueblo de Dios que vivía en ese lugar. También influyó decisivamente en la conversión de nuestro santo la predicación y los encuentros con San Ambrosio de Milán. No hay que desdeñar esta excelente influencia en el cambio radical en la vida de San Agustín.

Su obra teológica es considerable: en ellas refuta a las sectas cristianas y al escepticismo de los filósofos de su tiempo, al tiempo que enseña la Verdad Católica, aquello que buscó con tanta premura durante toda su vida. Algunas de sus obras destacadas son sus Confesiones – que ya he mencionado – ,la Ciudad de Dios y su obra acerca de la Santa Trinidad.

Fundó monasterios con una regla de vida que él mismo elaboró. El carisma agustiniano propone que la unidad debe prevalecer en las relaciones entre los monjes.

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